viernes, 16 de julio de 2010

¡Chapeau Argentina!



En la madrugada de este jueves a las 3:30am finalmente terminó el debate en el Senado Argentino para la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario, con lo cual Argentina da un paso al frente a favor de la igualdad de derechos civiles para la Comunidad LGBT, conviertiéndose así en el primer país latinoamericano en aprobar el matrimonio entre personas de un mismo sexo.

Con la entrada en vigencia de esta Ley, las parejas homosexuales tendrán los mismos derechos que el matrimonio le otorga a las parejas heterosexuales: derechos patrimoniales, sucesorales, y -algo que no permitía una Ley aprobada en 2002 por la Legislatura de la Provincia de Río Negro- adoptar niños.

Para muchos esto es una gran noticia. No sólo para la comunidad LGBT, sino para quienes, como yo, creemos y estamos convencidos de que todos los seres humanos nacen libres e iguales en derechos, para quienes queremos que la sociedad en la que vivimos sea más justa, más humana, menos prejuiciosa, más abierta. Para los que vivimos y dejamos vivir, y por supuesto, para los que (de nuevo, como yo) tenemos amigos y/o conocidos gays, lesbianas, bisexuales o transexuales.

Por supuesto también hay muchos detractores con infinidad de argumentos (algunos lógicos, otros ni tanto) que opinan que la aprobación de esta Ley es una aberración. Ya sea que se basan en motivos religiosos, sociales, biológicos o por algo tan simple como sus propios temores y prejuicios internos. 

Pareciera que en ninguno de estos casos toman en cuenta ese principio fundamental establecido en el Artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que reza que "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos...". Sí señora puritana, los gays pueden ser buenos cristianos, Dios no los odia. Señor conservador: las lesbianas pueden perfectamente criar y educar a un niño y por tener dos madres no necesariamente va a ser gay. O tal vez sí. Pero es irrelevante quienes sean sus padres. De las familias más funcionales y "normales" y "socialmente aceptables" y respetables ha salido un hijo o una hija homosexual. Qué no pueden reproducirse? Quién dice que no? Si hay tratamientos de fertilidad, vientres en alquiler y demás opciones (que no son pocas) para parejas heterosexuales, éstas son perfectamente viables para parejas homosexuales.

A los prejuiciosos, homofóbicos y miedosos: los del problema son ustedes.


En todo caso, lo que quiero es felicitar al Senado argentino por aprobar esta Ley, por reconocer derechos que por naturaleza le corresponde a este colectivo, por recordar a sus ciudadanos que para ejercer los derechos no se debe hacer ningún tipo de distinción basada en sexo (que se entiende incluye preferencia sexual), y por entender que los Derechos Humanos se son progresivos. Así que ¡Bravo Argentina! ¡Chapeau!

Sólo falta que el resto de América Latina decida ampliar y reconocer por igual los derechos de todos.

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